22 abril 2012

Dos maneras de vivir

Después de unas cuantas pensadas de filosofía barata, he llegado a la terrible conclusión de que, en esencia, hay dos maneras de vivir. El gran Rosendo Mercado y los míticos Leño ya nos lo decían en su letra a principios de los 80, pero la síntesis del asunto es que, en la práctica, no hay muchas maneras de vivir, solamente hay dos, con todos los matices y puntos intermedios que se quieran, pero solo hay dos.


Manera de vivir 1: Riesgo, aventura, libre albedrío, dinamismo vital, ensayo y error, sorpresa, acción, actitud, emprendimiento, carpe diem, ilusión, sueños, peligro, emoción, optimismo antropológico, despilfarro, evolución, incertidumbre, diversión, belleza.

Manera de vivir 2: Conservadurismo, comodidad, "virgencita que me quede como estoy", aptitud, seguridad, tranquilidad vital, calma, pasividad, planificación, ahorro, reacción, miedo al cambio, estancamiento, "pies en la tierra", cotidianidad, pesimismo realista o realismo pesimista, aburrimiento, conformidad, asfixia, desencanto.

No he inventado la pólvora, esto no deja de ser el archiconocido enfoque del Yin y yang taoista aplicado a la actitud ante la vida. Nada nuevo bajo el sol. Llevo años hablando de esto, y el propio título de esta bitácora va de esto. Supongo, dicen, que en el punto medio suele estar la virtud, pero no hace falta que os diga cual es la manera de vivir de la que parto.

PD: Ahora que lo pienso, esta canción del Maestro Sabina ya hablaba de esto también.



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1 Comments:

At 22/4/12 13:37, Anonymous Anónimo said...

La segunda opción no es tal, porque no es una manera de vivir, sino una manera de morir en vida. Ahora, pareciera que la opción uno implica ser un alegre de la vida que no planifica, ni ahorra ni tiene los pies en la tierra. Disiento profundamente.


Sin embargo sí que pienso también que hay dos formas esenciales de vivir. Vivir de forma consciente, siendo responsable de uno mismo, de tus sueños, ilusiones, de tu propia esencia y siendo valiente para luchar por ello, pero siendo suficientemente maduro para asumir el precio que conlleva. Valorar el precio y ver si compensa con el premio.

La otra opción, vivir de espaldas a nuestra propia esencia, también tiene un precio, en este caso creo que muy grave, porque te apaga poco a poco.

Es cuestión de elegir. Además, vivir de una forma u otra no implica que uno se dedique a vivir la vida loca y el otro a ser el empleado, marido, padre del mes, del año, de la vida, pero resignado. Cada uno tiene diferentes anhelos, es cuestión de ser fiel a uno mismo.


lifestraveller

 

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