13 octubre 2013

Maria de Villota

El viernes nos desayunamos con una pésima noticia, la muerte de María de Villota. Cuando te enteras de este trágico suceso, así de sopetón, se te queda el cuerpo mal. Ya sabéis que no suelo hacer obituarios en el blog, pero a veces hago excepciones. En este caso porque, por obra y gracia de los biorritmos, estoy viendo ahora mismo el previo de la F1 del Gran Premio de Japón delante de un café y ciertamente es emocionante los homenajes y recuerdos a la memoria de María. Y me apetecía escribir sobre ella.


Lo que más admiro en las personas es la capacidad para sobreponerse a los problemas, a las dificultades. Y esta chica iba sobrada en este sentido. A base de pundonor y de ganas se hizo un hueco en lo que siempre le gustó hacer, que es correr en coches (siendo mujer creedme que no es nada fácil vivir en este mundo). Después del accidente, y tras perder un ojo, le echó un par de ovarios y, lejos de venirse abajo, se adaptó a la nueva situación con una sonrisa permanente y unas ganas de vivir tremendas. Desgraciadamente la vida no le ha dejado.

A veces no nos damos cuenta que, pese a los tropecientos problemas que tenemos en nuestros complicados mundos vitales, pese a los sinsabores, las decepciones sufridas, las injusticias, lo jodido que es gestionar estos días inciertos en los que vivir es un arte, hay que dar la importancia a lo que verdaderamente importante. Seguimos respirando. María, DEP.

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1 Comments:

At 13/10/13 20:05, Blogger Miriam said...

Yo la conoci en persona cuando asisti a un seminario de creatividad (Crearte, el ser creativo). No te puedes imaginar como transmitia ganas de vivir y alegria por los cuatro costados. Nos dijo que ahora que tenia un ojo menos, veia muchas mas cosas que antes le pasaban desapercibidas...

Me encantó esta mujer y me ha dado mucha pena que se haya muerto. Pero pienso que por lo menos, tuvo año y medio mas donde seguro que aprovechó para querer mucho a su familia, a sus amigos y contar al mundo como es estar casi mas pallá que pacá...

Me ha encantado el post, Bedel. Olé!

 

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