13 octubre 2013

Maria de Villota

El viernes nos desayunamos con una pésima noticia, la muerte de María de Villota. Cuando te enteras de este trágico suceso, así de sopetón, se te queda el cuerpo mal. Ya sabéis que no suelo hacer obituarios en el blog, pero a veces hago excepciones. En este caso porque, por obra y gracia de los biorritmos, estoy viendo ahora mismo el previo de la F1 del Gran Premio de Japón delante de un café y ciertamente es emocionante los homenajes y recuerdos a la memoria de María. Y me apetecía escribir sobre ella.


Lo que más admiro en las personas es la capacidad para sobreponerse a los problemas, a las dificultades. Y esta chica iba sobrada en este sentido. A base de pundonor y de ganas se hizo un hueco en lo que siempre le gustó hacer, que es correr en coches (siendo mujer creedme que no es nada fácil vivir en este mundo). Después del accidente, y tras perder un ojo, le echó un par de ovarios y, lejos de venirse abajo, se adaptó a la nueva situación con una sonrisa permanente y unas ganas de vivir tremendas. Desgraciadamente la vida no le ha dejado.

A veces no nos damos cuenta que, pese a los tropecientos problemas que tenemos en nuestros complicados mundos vitales, pese a los sinsabores, las decepciones sufridas, las injusticias, lo jodido que es gestionar estos días inciertos en los que vivir es un arte, hay que dar la importancia a lo que verdaderamente importante. Seguimos respirando. María, DEP.

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25 agosto 2013

Asepsia anímica y balance vacacional

Me queda una semana de vacaciones. Según algun@s muchísimo tiempo. Según yo, estoy acabándolas. Ya sabemos de la relatividad de la variable. Hoy domingo me he levantado al alba, síntoma inequívoco de que mi cuerpo está volviendo a la rutina poco a poco. Lo biorritmos se han vuelto a activar y he vuelto a ver amanecer. También ayuda bastante a no dormir los dolores de cuello y, en menor medida, de cabeza que probablemente se deban a cervicales que no están del todo en su sitio. Llevo unos cuantos días con este tema. Pero esa es otra historia de la que ya hablaremos.


Viendo amanecer, un domingo de agosto.

Está siendo un verano raro. Cómo diría una amiga mía, torcido. Las vacaciones están pasando con más pena que gloria. Sí, he hecho algunas cosas que no tenía pensado a hacer y que han estado bien, cómo la Kdd relámpago en Marbella o diversas salidas de una noche, pero he dejado de hacer cosas que tenía muy claro que tenía que hacer, y que me apetecía hacer, pero que no he podido hacer por diversas circunstancias. He suspendido viajes, he cambiado planes, me he movido por hospitales y salas de espera en vez de por piscinas y estaciones de tren, he pensado más de lo que debería, he disfrutado menos de lo que me merecía. Descansar? sí, pero de aquella manera. Desconectar? Hasta cierto punto.

Queda una semana por delante. El balance no es muy bueno, no se si habrá tiempo ya de salvar el verano. Lo dudo. Por lo menos lo intentaremos, por cuestiones de asepsia anímica. Septiembre, y en general el curso laboral y vital que me espera va a ser duro, y necesito llegar con las pilas medianamente cargadas. La vida tiene estas cosas. Cuando eres un poquito feliz no lo disfrutas porque eres tan imbécil que ni te das cuenta. Cuando vienen mal dadas te acuerdas de esos momentos que no disfrutaste, de esas oportunidades perdidas, de ese tiempo que difícilmente volverá a ser cómo fue. El trabajo que queda está claro. Mirar hacia adelante. Difícil, pero la única opción válida ahora mismo.


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25 noviembre 2012

El ojiplatiquismo vuelve

Hay rutinas, costumbres, usos de mi vida que parecía que los tenía olvidados, o mejor dicho larvados, y de repente vuelven con fuerza. Uno de ellos es estar ojiplático los fines de semana a horas ignotas por obra y gracia de los sempiternos biorritmos. Si sois fieles lectores, que lo sois porque lo sé, lo tenéis claro, ejemplos en el blog hay unos cuantos.


Ya que estás despierto, lo suyo es un café


Y es que las 6 AM un domingo de asueto, lo natural, lo lógico, lo saludable, es estar durmiendo, practicando diversiones mundanas o volviendo de la fiesta de la noche del sábado. Bueno, esto último yo hace mucho que no lo práctico (lo de la fiesta, entiéndaseme :-D), pero saludable es. Lo que no tiene mucho interés es que, por obra e idem de los biorritmos, a las 6 de la mañana tengas el ojo más abierto que un Seven Eleven.

Llevaba tiempo sin levantarme tan temprano, es verdad. Muchas veces me he despertado a estas horas pero me forzaba a volver a dormir. A veces lo conseguía y a veces no, pero obligarme a seguir en la cama era la nueva táctica. Hoy sin embargo no ha sido así. Y he vuelto a hacer todo lo que hacía cuando me levantaba tan pronto un día libre: Aprovechar para hacer chachamandiguismo, desayunar y redesayunar tranquilamente, reflexionar sobre mis cosas y mi mundo y, claro, escribir en el blog.

Quizás es que echaba mucho de menos tener ese tiempo de introspección y de relajamiento solo para mí. Luego vendrá el sueño de sobremesa, la #bedelasfixia, el #putolunes y todo lo que querais. Pero este momento no me lo quita nadie ...

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14 abril 2012

Pensamientos de madrugada

Son las 6:25 de una mañana de sábado de abril. Dentro de un rato habrá Fórmula 1 y me iba a levantar igualmente, pero no tan temprano. Son estos malditos biorritmos que me dejan ojiplático en las madrugadas del finde. El cuerpo tiene unas costumbres y si te levantas todos los puñeteros días a las 6 o 6:30 de la mañana, la biología no suele fallar. Nada nuevo bajo el sol, por otra parte.

¿Y que se hace a estas horas ignotas? No puedes hacer ruido porque la contraria y el perrón están durmiendo. No te apetece comenzar las tareas domésticas porque queda mucho finde por delante. Podría leer un libro, escuchar la radio, mi música o podcasts. Podría ponerme a las teclas como ahora mismo. Podría ver una serie o videos de youtube. Incluso, en un alarde de responsabilidad podría salir a andar o a hacer algo de ejercicio (casi nunca lo he hecho pero siempre lo contemplo). Podría hacer muchas cosas. Pero hay una que no interesa hacer bajo ningún concepto. Y claro, al final es la que suelo hacer. Pensar ...

Me hago el primer café y me pongo a pensar en mis cosas mirando por la ventana, todavía de noche. ¿Y en que pienso?. Sobre todo en los retos vitales que tengo por delante. Mi vida de aquí al verano va a estar muy movida en muchos aspectos, y no puedo evitar darle vueltas al coco. Mi aquí y ahora vital, el trabajo y sus problemas, la próxima mudanza al nuevo piso, el futuro a corto y medio plazo (a largo ya es que ni lo pienso, para que), la puta crisis, etc. Pongo el cerebro a trabajar incluso cuando estoy ocupando este tiempo de madrugada en cosas mucho más lúdicas y ligeras.

Esta putada de "pensar" es algo que solo debe hacerse los domingos por la tarde/noche, que para eso viene la #bedelasfixia a hacerme visitas de diván con su puntualidad habitual. Pero no puedo remediarlo. Es así.

Afortunadamente no suele durar mucho y enseguida vuelvo al electroencefalograma plano. La mente es perversa pero no tanto.

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25 septiembre 2011

Ojiplático disfrute findesemanesco

Una de las cosas que pasan cuando te haces mayor es que te despiertas antes los días en los que se supone que te puedes quedar en la cama. Esto es así. No conozco a nadie que no tenga jornada laboral de mañana, tenga taitantos, y no lo cumpla. Otra cosa es que te despiertes, decidas no levantarte y vuelvas a dormirte, pero despertarte, te despiertas. Son los famosos biorritmos, esos cabrones.

Ya hemos escrito en el blog sobre ellos, y sobre las ventajas e inconvenientes de esta situación, sobre los amaneceres findesemanescos. Madrugar un domingo cuando no se trabaja está muy mal visto. Se supone que no debes estar danzando por casa o a las teclas un domingo a las 6:30 o 7:00 AM y que debes aprovechar para dormir o para cualquier otro tipo de acción en posición horizontal :-). Pero si no puedes dormir, y yo no puedo, o la situación horizontal por cualquier causa ya ha acontecido o no se ha dado :-), hay que poner remedio.

Y así es como he aprendido a vivir con ello y a sacarle el máximo partido al hecho cierto de que esté ojiplático a unas horas ignotas el fin de semana. Disfruto cada vez más de las madrugadas del sábado y del domingo: la tranquilidad absoluta, el silencio del alba, ver amanecer, el café recién hecho y las tostadas, la reflexión de tus cosas para ti solo. Es otro ritmo diametralmente opuesto a las prisas del día laborable. Te da tiempo a leer, a las teclas, a ver esa serie que tenias pendiente, a ordenar un poco tus pensamientos. Es esa filosofía slow que tanta falta nos hace y que tan poco practicamos.

Luego, ya casi por la noche, vendrá la #bedelasfixia a joderlo todo, pero ese es otro cantar ...

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