25 septiembre 2011

Ojiplático disfrute findesemanesco

Una de las cosas que pasan cuando te haces mayor es que te despiertas antes los días en los que se supone que te puedes quedar en la cama. Esto es así. No conozco a nadie que no tenga jornada laboral de mañana, tenga taitantos, y no lo cumpla. Otra cosa es que te despiertes, decidas no levantarte y vuelvas a dormirte, pero despertarte, te despiertas. Son los famosos biorritmos, esos cabrones.

Ya hemos escrito en el blog sobre ellos, y sobre las ventajas e inconvenientes de esta situación, sobre los amaneceres findesemanescos. Madrugar un domingo cuando no se trabaja está muy mal visto. Se supone que no debes estar danzando por casa o a las teclas un domingo a las 6:30 o 7:00 AM y que debes aprovechar para dormir o para cualquier otro tipo de acción en posición horizontal :-). Pero si no puedes dormir, y yo no puedo, o la situación horizontal por cualquier causa ya ha acontecido o no se ha dado :-), hay que poner remedio.

Y así es como he aprendido a vivir con ello y a sacarle el máximo partido al hecho cierto de que esté ojiplático a unas horas ignotas el fin de semana. Disfruto cada vez más de las madrugadas del sábado y del domingo: la tranquilidad absoluta, el silencio del alba, ver amanecer, el café recién hecho y las tostadas, la reflexión de tus cosas para ti solo. Es otro ritmo diametralmente opuesto a las prisas del día laborable. Te da tiempo a leer, a las teclas, a ver esa serie que tenias pendiente, a ordenar un poco tus pensamientos. Es esa filosofía slow que tanta falta nos hace y que tan poco practicamos.

Luego, ya casi por la noche, vendrá la #bedelasfixia a joderlo todo, pero ese es otro cantar ...

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21 octubre 2008

La fatídica media hora

Todos sabemos que por la mañana, antes de salir al trabajo, el tiempo pasa volando. En mi caso no es que vuele, es que va reacción. Esa sensación pasa porque apuro mucho el momento de levantarme de la cama y, como no podía ser de otra manera, voy arrastrando las prisas hasta que salgo. En la ducha me suelo recrear un poco más (me gusta seguir mis rutinas de acicalamiento) pero es salir del baño y todo va a contrareloj. Ni siquiera desayuno en casa. No me da tiempo.

Y, en realidad, solucionaría este estrés solamente levantándome media hora antes. Podría incluso hasta desayunar sentado y ver los titulares de las noticias en la tele. Y cogería todos los buses con tiempo. Y no se me olvidaría nada nunca.

Que no se diga que no lo he intentado, me pongo el despertador y me duermo con el convencimiento que al día siguiente no habrá Gimkana mañanera, pero llega la mañana siguiente y siempre dices lo mismo: "uhm, me quedo un ratito más en la cama, que da tiempo de sobra". Y otra vez apurando, y otra vez vuelta a empezar.

Bonus: No quiero ni pensar como sería esto si tuviera lebreles ...

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05 octubre 2008

Radio hora, minuto a minuto

Me he levantado esta mañana de domingo, como todas las mañanas, con la radio. Siempre tengo la radio puesta cuando me levanto, bajito para no molestar, pero con el volumen suficiente cómo para poder escuchar noticias, debates, charlas y, en menor medida, música. No podría vivir sin la radio, es algo a lo que estoy tan acostumbrado desde pequeño que no concibo despertarme en silencio y disfruto mucho de esos momentos de vagancia controlada en la cama, tapado hasta las orejas en invierno, con las ventanas abiertas en verano, oyendo la radio.


Tengo una como ésta en el pueblo, reliquia total. Y Funciona!.

[Mode Nostalgia ON]

Pero no todo iban a ser buenos recuerdos radiofónicos a la hora de despertarse. Había un programa que mi padre ponía todas las mañanas en la radio que me agobiaba sobremanera. Los que tengáis treinta y algunos, o más, seguro que recordareis el famoso y cargante programa "Radio Hora" de Radio España. Un formato que lo inventó el mismísimo diablo. Cada minuto Enrique Dausá y Rigoberto Ferrer decían lo siguiente: "Radio España da la hora minuto a minuto. Son las ocho y veintidós minutos, una hora menos en las islas Canarias". Daban 35 segundos de titulares de noticias, el tiempo y anuncios y volvía a dar la hora. Todos y cada uno de los minutos. Sin saltarse ni uno. Durante 3 horas. Repitiendo las noticias. Era peor que una tortura china. Yo lo definiría entre Kafkiano y Bizarro. Mi padre, y no le faltaba razón, decía que lo ponía para levantarse de la cama lo antes posible, no porque te diera la hora, sino porque te agobiaba tanto que no te quedaban mas narices que levantarte. Y era cierto.

[Mode Nostalgia OFF]

A pesar de este trauma infantil con la radio, la sigo escuchando cada mañana. Menos mal que nos queda Portugal.

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