29 enero 2012

El maldito cierre

Los que sois de mi gremio, el de Administrativo-Contables comemarrones y pringues varios de oficina, sabéis perfectamente que enero es uno de los meses jodidos del año, de hecho creo que el más jodido. ¿Y eso por qué?, preguntarán los no iniciados. Pues básicamente porque hay que currarse el cierre del ejercicio. Son momentos de mucha tensión, sobre todo porque históricamente se apura tanto el cierre que luego vienen las prisas y es imposible no tener estrés. Aunque te lo prepares con tiempo, aunque digas "este año no me va a pasar", la verdad es que vuelves a sufrir, incluso más que años anteriores, en una suerte de Déjà vu infernal. Facturas de últimísima hora, llamadas con proveedores y clientes que se duermen en los laureles, mucha gestión para cerrar asuntos. Marrones, marrones, marrones. Esto es así.

Este año estoy sufriendo mucho el cierre. De hecho, todavía quedan dos días de sufrimiento extremo, el viernes me fue imposible cerrar el 390 y lo tendré que hacer el lunes a contrareloj y con la presión del deadline encima. Todo esto hace que llegue a casa con un cansancio y unos niveles de estrés importantes. Porque las cosas están cómo están, pero no hay día que no se me pase en algún momento por la cabeza echar el cierre yo a mí mismo. Lamentablemente eso solo pasará si me toca el euromillones y las probabilidades son ínfimas ...

PD: La #bedelasfixia no faltará hoy.

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27 abril 2009

La paranoia de la pandemia

Donde antes solo oías el traqueteo del tren o el metro, ahora hasta la más mínima tos o estornudo en el fondo del vagón hace que nos giremos y escrutemos de arriba a abajo al potencial sospechoso. Si el síntoma se repite un par de veces más y tenemos la mala suerte de que el perjudicado se sienta al lado nuestro, cambiamos de sitio inmediatamente, o nos parapetamos tras el periódico. Si antes nos lavábamos las manos un dos o tres veces al día, ahora acabamos con el repuesto diario de jabón líquido del baño del trabajo. Si paseando por la calle oímos un acento que se pudiera parecer al mexicano, cambiamos inmediatamente de dirección y aumentamos la velocidad de paso. Vetamos inmediatamente cualquier producto que derive del cerdo. Nos pasamos horas buscando en Internet información sobre la alerta mundial del el H1N1, evitamos los aeropuertos, los sitios concurridos, los hospitales y las embajadas.


Imagen: EFE y El Mundo

Si te reconoces realizando alguna de (o en el peor de los casos todas) estas cosas, lo más seguro es que no contraigas la gripe porcina, enhorabuena, pero te vas a estresar cosa fina. Welcome to the paranoia world.

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17 marzo 2009

Sin puente

Albergaba estos días alguna mínima posibilidad de pillarme el puente de San José. En mi empresa cliente les dan todos los puentes habidos y por haber, pero yo solo tengo un puente al año. Y la verdad es que me apetecía mucho cogérmelo, porque estoy muy saturado del curro.

Pero va a ser que no. La semana pasada era importante para adelantar trabajo y por unos marrones cojonudos no pude. Y claro, los deadlines no perdonan. Cierre de ejercicio, justificaciones y mil historias más hacen que tenga que aprovechar el viernes para adelantar trabajo. Como mal menor decir que estaré solo y nadie me molestará, lo cual se agradece.

Por supuesto mi compañera se pilla el puente. Acabáramos. Tampoco esperaba un gesto en otro sentido, la verdad. Visto lo visto, me lo tengo que comer yo solito.

Saquemos lo positivo de esto. El jueves no voy. Y mañana he quedado para tomar unas cervezas a la salida del curro con mis amigos. Me centraré en estos pensamientos agradables para no asfixiarme demasiado ...

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21 octubre 2008

La fatídica media hora

Todos sabemos que por la mañana, antes de salir al trabajo, el tiempo pasa volando. En mi caso no es que vuele, es que va reacción. Esa sensación pasa porque apuro mucho el momento de levantarme de la cama y, como no podía ser de otra manera, voy arrastrando las prisas hasta que salgo. En la ducha me suelo recrear un poco más (me gusta seguir mis rutinas de acicalamiento) pero es salir del baño y todo va a contrareloj. Ni siquiera desayuno en casa. No me da tiempo.

Y, en realidad, solucionaría este estrés solamente levantándome media hora antes. Podría incluso hasta desayunar sentado y ver los titulares de las noticias en la tele. Y cogería todos los buses con tiempo. Y no se me olvidaría nada nunca.

Que no se diga que no lo he intentado, me pongo el despertador y me duermo con el convencimiento que al día siguiente no habrá Gimkana mañanera, pero llega la mañana siguiente y siempre dices lo mismo: "uhm, me quedo un ratito más en la cama, que da tiempo de sobra". Y otra vez apurando, y otra vez vuelta a empezar.

Bonus: No quiero ni pensar como sería esto si tuviera lebreles ...

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