23 noviembre 2013

El estado actual de las cosas

Un finde más he vuelto a abrir #Elclubdelbiorritmo de madrugada. Nada nuevo bajo este sol castellano que acaba de salir. Hace bastante que no escribo, casi una semana. Lo normal últimamente por estos lares. En otros negociados tuiteo, publico y fotografío a diario. Casi todos los habituales de La Belleza también me seguís en redes. Ya sabéis como funciona el tema. Posteo mucho menos pero sigo siendo bello y desencantado.

Así que mientras doy cuenta de mi habitual desayuno findesemanesco #pequeñosplaceres, os contaré en un par de párrafos cual es el estado actual de las cosas.


Estoy bastante más tranquilo. Y eso me gusta. Lo necesitaba. Paradojicamente las cosas no van mejor que en verano (el peor en años) y comienzo del otoño, pero mi actitud, mi ánimo y la manera de entender y afrontar situaciones ha variado para mejor. Después de la tempestad siempre llega la calma. Dicen. Los problemas siguen ahí, las dinámicas no son las que me gustarían, pero he construido una base de tranquilidad y de calma con la que empezar a trabajar. Y a eso nos vamos a agarrar. No se puede reconstruir el encanto sin antes haber digerido y asimilado el desencanto. Creo que lo peor ha pasado.

En el trabajo vivo un momento de intensidad máxima. Llevo todo el otoño trabajando a saco con unos ritmos altísimos. Afortunadamente me lo están reconociendo. Y estoy muy agradecido por ello. Siempre lo han hecho, pero a veces es más necesario, a todos los niveles, el económico incluido. No andamos nada finos de pasta últimamente y la verdad es que se agradecen unos pecunios adicionales para contener las hemorragias. Centrarme en el curro también ha ayudado ha relativizar temas e historias varias.

Por otro lado estoy demasiado relajado con #elclubdeladieta y eso no puede ser. Las navidades se acercan y será otro momento de máxima tentación #PrayForBedel.

Y aparte de estas zarandajas vitales, poco más de momento. Como asunto lúdico, sigo pensando y dando vueltas al Podcast, que tenía la intención de empezar después de las Jpod, pero que todavía no lo he perpetrado. Estoy dudando mucho en la temática y tengo dos o tres proyectos que me gustan pero que no les acabo de pillar el punto. Me decidiré pronto por uno de ellos y seguramente para navidades o comienzos de 2014 además de leerme, también podreis escucharme :-).

Salud compis.

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02 noviembre 2013

De cafeteras, drogas y cabras

Es bien conocido por estos lares que me encanta el café. Es muy importante en mi vida, de hecho. Yo diría que es de las pocas drogas blandas legales que me permito el lujo de consumir habitualmente. El #CoffeeTime no lo perdono. Vale, a veces también me aprieto unos gintons, reconozcámoslo, pero no es algo tan habitual, tan del día a día. Luego hay otras drogas vitales que todos conocéis, más bien tirando a duras, en las que no sabes como entras pero que acabas colgado y te dan en toda la madre, que diría un amigo mexicano. En todas, en mayor o menor medida, la adicción suele ser alta y sus efectos más o menos perniciosos. Todas se disfrutan y se sufren. No suele ser sencillo desengancharse de ninguna de buenas a primeras.


La que hoy nos ocupa será el café, ese líquido elemento fundamental. Pues resulta que ayer compramos una cafetera nueva, la que mi contraria y yo denominamos "cafetera de la Segunda Guerra mundial". El modelo lo conocéis perfectamente, la clásica cafetera italiana de toda la vida de Dios, que tradicionalmente hemos utilizado desde hace años pero que últimamente habíamos abandonado en favor de la práctica y sofisticada Philips Senseo.

¿Y por qué hemos comprado esta cafetera si venimos funcionando relativamente bien con la otra? Pues porque la Cabra siempre tira al monte. Me explico. La Senseo hace un café que está muy correcto. Es fácil y rápida de usar, de limpiar y es más cómoda. No hay ningún reproche a esta cafetera. Pero tiene dos inconvenientes, bajo mi punto de vista. El primero es el tema de las capsulitas. Son más caras que el café molido y, si vives alejado del mundanal ruido, no se pueden comprar en el chino de la esquina. El segundo problema es que la Senseo no deja aroma a café en la casa. No parece tener ninguna importancia, pero cómo he echado de menos ese aroma a café por las mañanas.

Otra razón, más coyuntural quizás, es que nos regalaron un paquete de café molido puertoriqueño de primera calidad y tenía muchas ganas de probarlo. Hoy he recuperado esa sensación de que la casa huela a café en las madrugadas de #elclubdelbiorritmo. Y con unas tostadas con mantequilla y mermelada, soy el tío más feliz del mundo. Por lo menos durante 10 minutos. Tal y como están las cosas, no podemos permitirnos el lujo de hacerle ascos a estos pequeños placeres que te da la vida.

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12 noviembre 2011

La tostadora nueva

Hace bastante tiempo que barrunto una conclusión impepinable: No se puede vivir sin tostadora. Pero, a pesar de que la idea la tengo bien interiorizada, el hecho cierto es que desde que nos mudamos la contraria y yo al piso de alquiler no hemos tenido ese imprescindible electrodoméstico en nuestra cocina.

Y diréis, ¿Por qué una tostadora es imprescindible?. Pues porque unas buenas tostadas es un must del desayuno occidental. tiene innumerables ventajas, se hacen en un plis y encima de la tostada prácticamente cualquier cosa que le pongas te hace un apaño. Es lo suyo, tostadas para desayunar. A más a más, encima adelgaza. ¿Que adelgaza? sí, las tostadas adelgazan. Mi teoría no admite discusión, si no hay tostadas corres el riesgo de desayunar otras cosas con más calorías. Y más si tienes la Thermomix en casa. Por poner dos ejemplos: éste o éste. Si hay tostadas, no haces repostería. O por lo menos la haces mucho menos. Si hay tostadas, no compras churros, porras o vaya usted a saber que otras guarrerias con colesterol a tope. Hacer una tostada son 3 minutos y un mínimo trabajo de poner la rebanada en la tostadora. Hacer unas magdalenas en la Thermomix no es que sea acabar la Sagrada Familia pero lleva su tiempo.

Por todas estas razones, y también porque nos apetecía, la contraria el otro día compró esta reluciente Braun MultiToast HT 400. Enhorabuena a los premiados.



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27 febrero 2011

Desayunos familiares

Una de las cosas que recuerdo con más cariño de mi madre y de mi abuela era su faceta gastronómica. Supongo que esto le pasa a casi todo el mundo, la cocina de nuestras madres y nuestras abuelas siempre es la mejor, o si no es objetivamente así, nosotros la recordamos como insuperable, porque es con la que hemos crecido y eso se queda en la memoria para siempre. Hoy no voy a extenderme en otros platos, me centraré en los desayunos, que eran míticos, sobre todo los fines de semana.


Superbizcocho integral de Naranja de la Sra. Bedel

Evidentemente el desayuno distaba mucho de un simple café bebido y algo de bollería industrial. El acto de desayunar los sábados y los domingos era toda una fiesta. Y es que la carta era impresionante (en todo, calorías incluidas). Mi abuela tendía mas al dulce: Tartas y bizcochos de todo tipo y condición, rosquillos exquisitos, churros hechos en casa (la masa también, con manga y todo), magdalenas espectaculares y unas mermeladas caseras que quitaban el sentido (mis favoritas, la de tomate y la de melocotón).

Mi madre, aunque también dominaba estas artes reposteras, gustaba más de lo salado, y nos sorprendía con mixtitos (dividía el mixto tradicional en triangulitos pequeños), tostas saladas con queso y tomate, tortilla francesa y mucha fruta. En cumpleaños o similares, sandwiches de miga comprados a alguna tienda especializada. En ambas versiones de desayuno predominaba el sempiterno mate, antes que el café con leche o el colacao. Y siempre había zumos (naturales).

En alguna ocasión especial, también se incorporaban productos importados de Argentina, donde mi abuela (que era soriana) vivió más de 30 años y la tierra natal de mis padres. Los traía mi propia abuela en los viajes que hacía o algún familiar. También se compraban a tiendas especializadas de Madrid. Y entonces eso si que era un escándalo: Panqueques o criollitas con dulce de leche, Alfajores (Havanna, por supuesto) o dulce de batata y queso. Y ya lo que era el acabose del empezose, las facturas. Los que seáis autóctonos o ciudadanos del Río de la Plata sabéis perfectamente de que va el tema :-).

Evidentemente ahora, por lógicos motivos de tiempo y porque la vida tiene otros ritmos y otras exigencias, sería difícil montar estos saraos gastronómicos con regularidad. Además la dieta no aconseja estos excesos. Pero una aproximación excelente es cuando la Sra. Bedel se lanza, ayudada por su inseparable Thermomix, a la preparación de cositas tan ricas como el Bizcocho Integral de Naranja de la foto (Receta de La cocina de Morilands). Vale, es integral, dieta obliga, pero cuando lo disfrutamos, café mediante, con la tranquilidad que da el domingo, me recuerda a esos desayunos familiares que tanta nostalgia me provocan.

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19 octubre 2010

Bug en el cruasán

Disclaimer: No empecéis a leer si sois escrupulos@s.

Esta mañana, desayunando en uno de los tres o cuatro sitios donde a veces lo suelo hacer (desayunar, me refiero :-D) antes de entrar al curro, sucedió. Tomándome mi clásico café con leche y un cruasán, estaba acabándolo cuando de repente veo una bolita oscura en el cruasán. Será que está quemada esa parte, pensé inocentemente. Pero como no me acabó de cuadrar, usando el cuchillo hice palanca y ... ahí estaba, achicharrado, un bicho con sus patitas y sus antenitas.


No es que yo sea especialmente escrupuloso, y ya sabemos que lo que no mata engorda, pero evidentemente no puedo volver a entrar en este establecimiento, si hoy me he encontrado un bug, vete a saber que me encontraré mañana, o peor aún, vete a saber lo que ya me he comido o bebido.

No monté ningún pollo, simplemente deje lo que quedaba del cruasán en el plato y lo que quedaba de café en el vaso, aboné y me marché sin decir nada. Ni aunque me hubieran invitado a los próximos 100 desayunos volvería.

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04 octubre 2009

Domingo ampliado

La ventaja de los Grandes Premios de Fórmula 1 asiáticos y oceánicos (de Oceanía, of course) es que los ves a las 6 o a las 7 AM y a las 8 o 9 han acabado y te queda todo el domingo por delante. El supuesto esfuerzo de madrugar no lo es tanto para mí, como ya he comentado en el blog infinidad de ocasiones.

Hoy se ha dado esa circunstancia, y aunque el Gran Premio de Japón ha sido bastante aburrido (Alonso ya piensa en rojo), me lo he tragado enterito, como está mandado, y me ha dado tiempo, antes de que la Sra. Bedel y el perrón se activen y salir a desayunar (por segunda vez) con ellos, a hacer papeleos domésticos y a adecentar un poco la cocina.

Este tipo de domingos ampliados, que parece que no se acaban nunca, son los que más me gustan, dentro de la tirria que le tengo a los domingos claro. Por la tarde ya será otra cosa y mi amiga me visitará, pero, de momento, disfruto de un soleado y tranquilo domingo de otoño en el norte de la capital del reino, que no es poco.

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21 octubre 2008

La fatídica media hora

Todos sabemos que por la mañana, antes de salir al trabajo, el tiempo pasa volando. En mi caso no es que vuele, es que va reacción. Esa sensación pasa porque apuro mucho el momento de levantarme de la cama y, como no podía ser de otra manera, voy arrastrando las prisas hasta que salgo. En la ducha me suelo recrear un poco más (me gusta seguir mis rutinas de acicalamiento) pero es salir del baño y todo va a contrareloj. Ni siquiera desayuno en casa. No me da tiempo.

Y, en realidad, solucionaría este estrés solamente levantándome media hora antes. Podría incluso hasta desayunar sentado y ver los titulares de las noticias en la tele. Y cogería todos los buses con tiempo. Y no se me olvidaría nada nunca.

Que no se diga que no lo he intentado, me pongo el despertador y me duermo con el convencimiento que al día siguiente no habrá Gimkana mañanera, pero llega la mañana siguiente y siempre dices lo mismo: "uhm, me quedo un ratito más en la cama, que da tiempo de sobra". Y otra vez apurando, y otra vez vuelta a empezar.

Bonus: No quiero ni pensar como sería esto si tuviera lebreles ...

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