25 agosto 2013

Asepsia anímica y balance vacacional

Me queda una semana de vacaciones. Según algun@s muchísimo tiempo. Según yo, estoy acabándolas. Ya sabemos de la relatividad de la variable. Hoy domingo me he levantado al alba, síntoma inequívoco de que mi cuerpo está volviendo a la rutina poco a poco. Lo biorritmos se han vuelto a activar y he vuelto a ver amanecer. También ayuda bastante a no dormir los dolores de cuello y, en menor medida, de cabeza que probablemente se deban a cervicales que no están del todo en su sitio. Llevo unos cuantos días con este tema. Pero esa es otra historia de la que ya hablaremos.


Viendo amanecer, un domingo de agosto.

Está siendo un verano raro. Cómo diría una amiga mía, torcido. Las vacaciones están pasando con más pena que gloria. Sí, he hecho algunas cosas que no tenía pensado a hacer y que han estado bien, cómo la Kdd relámpago en Marbella o diversas salidas de una noche, pero he dejado de hacer cosas que tenía muy claro que tenía que hacer, y que me apetecía hacer, pero que no he podido hacer por diversas circunstancias. He suspendido viajes, he cambiado planes, me he movido por hospitales y salas de espera en vez de por piscinas y estaciones de tren, he pensado más de lo que debería, he disfrutado menos de lo que me merecía. Descansar? sí, pero de aquella manera. Desconectar? Hasta cierto punto.

Queda una semana por delante. El balance no es muy bueno, no se si habrá tiempo ya de salvar el verano. Lo dudo. Por lo menos lo intentaremos, por cuestiones de asepsia anímica. Septiembre, y en general el curso laboral y vital que me espera va a ser duro, y necesito llegar con las pilas medianamente cargadas. La vida tiene estas cosas. Cuando eres un poquito feliz no lo disfrutas porque eres tan imbécil que ni te das cuenta. Cuando vienen mal dadas te acuerdas de esos momentos que no disfrutaste, de esas oportunidades perdidas, de ese tiempo que difícilmente volverá a ser cómo fue. El trabajo que queda está claro. Mirar hacia adelante. Difícil, pero la única opción válida ahora mismo.


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22 diciembre 2010

Escampándome

Ayer fue un día malo. Muy malo. Nefasto. Horrible. Deplorable. Asfixiante. En una palabra, desencantado. No quise postear nada porque solo me salían varapalos a la autoestima, golpes de gracia al optimismo y querencias muy derrotistas. Llegas a un extremo en el que la presión es tan alta que, o cierras el grifo de darle a la rosca, o comienza una espiral de negatividad que trae más problemas al saco. Y una vez que te da el bajón ya no hay vuelta atrás. Así que opté por no postear, respirar profundo, ocupar mis pensamientos en intrascendencias y aprovechar todo lo posible mi poco tiempo de ocio esperando que saliera el sol otra vez.


Hoy no es que haya escampado mucho, los problemas siguen ahí, sigue lloviendo, pero estoy algo más animado, me he comprado un paraguas. Pienso que dentro de lo mal que lo estoy pasando, tengo a mi contraria, al perronchito, a mi familia y a los amiguetes para ayudarme a superar el trance. Y la cercanía no de las Navidades, que un poco también, sino de un finde largo libre, me cambian el rictus melancólico. Esperemos que mañana vaya por el mismo camino.

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11 noviembre 2010

Torciendo la esquina

Hay un puñado de canciones que regresan a tu memoria en determinados momentos de tu vida, que afloran justo cuando estas viviendo algo parecido a lo que la canción expresa. Ayer me pasó con Cerca de las vías, este temazo de Fito y los Fitipaldis.

Hay días que parece que nunca se va a apagar el Sol,
Y otros son más tristes que una despedida en la estación.
Es igual que nuestra vida, que cuando todo va bien,
un día tuerces una esquina y te tuerces tú también ...



PD: Hoy estoy un poco mejor, pero ayer fue un día complicado. Momentos duros que deberán ser gestionados con el mejor de mis ánimos. Y en eso estamos, hace falta bastante más para tumbarnos.

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