10 noviembre 2008

El puñetero soporte de la ducha

Parecerá una chorrada, pero el hecho de que se rompa el soporte de la ducha y tengas que acicalarte con el tubo de la ducha en una mano y los demás adminículos en otra es, cuando menos, crispante y muy poco operativo. Y si es lunes, la crispación alcanza límites insospechados.


Imagen: Almacenes Arenal

Que no cunda el pánico, se cambia el soporte y listo. Pero claro, teniendo un progenitor manitas, el que suscribe no sabe usar ni una sencilla Black&Decker, por muchos bricomanías que haya visto, así que tengo que pedir audiencia a mi padre para que me haga la chapuza. Y mientras viene y esas cosas, mañana y quizás pasado mañana seguiré con el tubo de la ducha en una mano, y el champú, la esponja, el cepillo de dientes, la maquinilla de afeitar, el bote de espuma de afeitar y el enjuague bucal en la otra. Que vida ésta ...

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14 noviembre 2007

Cinco minutos

La ducha madrugadora antes de ir a trabajar es mi momento más intimista de la jornada. Acostumbrado a repetir los mismos movimientos cada día cuando me levanto y me aseo, mecánicos y rutinarios donde los haya, los hago ya sin pensar, y eso me deja un hueco libre para reflexionar sobre lo divino y lo humano, sobre lo importante y lo urgente, sobre lo que voy a hacer hoy y lo que debería hacer hoy, sobre mis taras y mis desencantos, sobre mis problemas y sus soluciones, si es que las hay, y sobre esa cosa que llamamos vida.



Eso sí, justo antes de poner las neuronas a funcionar, me paso cinco minutos bajo el agua, con la cabeza gacha, sin pensar en absolutamente nada. Encefalograma plano. Simplemente pones todos tus sentidos en notar como las gotas pasan por tu cuerpo, llegan a la bañera y desaparecen por el desagüe. Esos cinco minutos son absolutamente imprescindibles para afrontar el día que me espera. Son cinco minutos catárticos, puros, libres. Que no falten nunca.

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