07 mayo 2013

Malgastando memoria

Ayer comentaba en el muro de la gran Raquel Gratistotal, a propósito de esta reflexión "Acordarte del nombre del hijo de Ursula Andress, y pensar: pa que coño retengo esos datos en mi cabeza?". Y quedé con ella en hacer un post sobre el particular. Y aquí va :-).


Es totalmente cierto. A lo largo de nuestra azarosa vida retenemos cantidad de datos inútiles en nuestra memoria. Información que no sirve absolutamente para nada, pero que ahí está, ocupando sitio en nuestras conexiones neuronales, impidiendo recordar otros datos mucho más importantes. Y ya pueden pasar los años, servidor tiene ya unos pocos, que te sigues acordando de cantidad de chorradas, frikadas y estulticias, y no te acuerdas ni de lo que cenaste ayer. Misterios de la antropología moderna.

Es ridículo que no me acuerde del móvil de ningún familiar, a duras penas del mío propio, pero que me sepa de memoria la famosa y vituperada lista de los Reyes Godos. No tiene sentido ninguno que no recuerde los 10 digitos de mi cuenta corriente, que la tengo desde hace más de 30 años, pero que recite de memoria los dialogos de Aterriza cómo puedas. Tampoco parece muy congruente que me cueste un montón recordar todo tipo de contraseñas (hasta la regla nemotécnica para hacerlas) pero no tenga mayor problema en recitar el segundo apellido del 95% de los árbitros españoles de primera división desde 1980 hasta la actualidad. Y así con tantas y tantas cosas: Me se de memoria todas las introducciones de las peliculas de Star Wars, todas las letras de la discografía de Juampa y la Raja y el Chivi, la lista de pilotos, escuderías y motores de las temporadas 1980 a 1990 de la Formula 1, y podríamos seguir ad infinitum.

Aunque sin duda, lo más friki, con muchísima diferencia, es que tengo la habilidad de recitar de memoria la liturgia de la misa cantada a la manera Soriana de principios de los 80. Y es que un día servidor fue monaguillo. Por eso ahora estoy entre el agnosticismo radical y el ateismo moderado :-). Pero eso es materia de otro post ...

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28 junio 2007

Reminiscencias

Y bastante relacionado con lo que comentaba ayer, leo en Microsiervos y en Fogonazos sobre el "efecto reminiscencia" y el vídeo de Redes donde el gran Punset entrevista a un catedrático holandés de psicología especialista en el tema.

La teoría defiende que el tiempo no es constante en nuestra memoria, es una variable que se expande y se contrae con pautas bien definidas, tendiendo a acumularse y aflorar en periodos muy concretos, normalmente de gran actividad vital, como nuestra juventud.



Tengo que decir que cumplo la teoría a rajatabla. El tiempo, para mí, pasa cada vez más deprisa según vas cumpliendo años. Cuando antes, por ejemplo, un año académico era todo un mundo, ahora los años se pasan volando. Noto que el verano pasado tampoco está tan lejos, y ya tengo encima éste. Las navidades se suceden sin solución de continuidad, y no he acabado un trimestre de IVA y Retenciones cuando se me echa encima el siguiente.

También dice la teoría que los recuerdos se suelen concentrar en periodos concretos, más o menos en tu adolescencia y primera juventud. Y es cierto, recuerdo muchas cosas de esa época, básicamente por la intensidad de las vivencias, todo era emocionante, se viajaba más, te movías más, arriesgabas más, te divertías más y te equivocabas mucho más. Las nuevas experiencias se quedan en la memoria y no se olvidan fácilmente. Sin embargo, si me preguntas que me paso hace 4 meses, tendría que esforzarme mucho más para acordarme de algo relevante. En la mediana edad, la "estabilidad" aparece y el tiempo se encoje.

Vaya paradojas vitales. Cuanto más te aburres de la rutina, más rápido pasa el tiempo. Sin duda, maquiavélico.

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