Soy consciente que lo normal es que no te guste tu trabajo y lo extraordinario es que trabajes en lo que te gusta. Bueno, últimamente, lo extraordinario es que trabajes, simplemente. Pero dejando de lado la crisis, el porcentaje de personas que conozco y que realmente les gusta lo que hacen y disfrutan en su puesto de trabajo es bastante reducido.
Yo intenté trabajar en lo que me gustaba, pero no me salió bien. Tuve que elegir entonces la opción sufridora y pasar a formar parte del grupo mayoritario, de los que vamos a trabajar serios, resignados, de los que sacamos el trabajo adelante con esfuerzo porque ante todo somos profesionales y responsables, pero no disfrutamos. Y eso a la larga mina la moral. Y si encima, como ayer, hay una jornada aciaga de esas de que dan ganas de mandarlo todo al carajo, pues mucho peor.
Las urgencias económicas no me permiten si quiera un pensamiento de cambio de rumbo laboral a corto plazo. No es momento de experimentos utópicos y voluntaristas. De momento, resignación laboral. Pero en un futuro lejano, quien sabe ...
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