12 abril 2010

Madrugadas perrunas

Hay que querer mucho a la Sra. Bedel, que sigue convaleciente de su tobillo, y al propio perrón para levantarse cuando todavía no están puestas las calles y sacar al Kaiserzón antes de irme a trabajar. Un mínimo de media hora de paseo antes incluso de que amanezca. Hacerlo un día, vale, dos, bueno, pero llevo mes y medio pegandome unos madrugones del 15 para sacarle. Y seguramente los dos próximos meses seguirán estos paseos de madrugada. No es por colgarme flores, pero tiene mucho mérito la jugada.



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03 abril 2010

La trama y el desenlace

Tremendo el último disco de Jorge Drexler



Camino por madrid en tu compañía,
Mi mano en tu cintura,
Copiando a tu mano en la cintura mía.
A paso lento, como bostezando,
Como quién besa el barrio al irlo pisando,
Como quién sabe que cuenta con la tarde entera,
Sin nada más que hacer que acariciar aceras [...]


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21 agosto 2009

La secta de los paseantes de perrones

Últimamente me estoy dejando engatusar (o mejor dicho, emperronar) por la secta de los paseantes de perrones de mi barrio. Y reconozco que no es una situación que hasta este momento me haya simpatizado en exceso, pero me he visto forzado a ceder después de un sesudo estudio de la situación.

Hasta hace muy poco mi dinámica para sacar al perrón era siempre la misma, armarme de ganas (no me gusta sacarlo, que le voy a hacer), pillar los cascos y aislarme del mundanal ruido. Nunca he sentido la necesidad de socializarme demasiado con otros dueños de perros. Dicen que se liga mucho, pero yo ya estoy ocupado, además si fuera tan fácil ligar con un perro, no existirían ni el match.com ni las agencias matrimoniales :-). Si eres feo no te salva ni un cachorro de Alsaciano :-)

En definitiva, me gusta oir mi musiquita, mi radio o mis podcast mientras voy con el perrón, pero de hablar con los dueños, nada de nada. Incluso intento evitarles. Se me podrá tachar de huraño y de antipático, pero me da muchísima pereza ponerme a hablar con otros dueños o dueñas sobre las caquitas, las enfermedades perrunas, el tiempo o las vacaciones. Prefiero los cascos, que le voy a hacer.


Pero el caso es que en estas vacaciones me estoy rindiendo a la evidencia. Si no puedes con el enemigo, únete a él. Y es que la secta es muy perseverante y no ceja en el empeño de que me una. Es muy complicado conseguir aislamiento. Primero, porque en el parque donde sacamos al perrón hay tropecientos perrones. Incluso en verano, siempre te cruzas con 6 o 7, y es muy estresante salir a sacar al perrón evitando a todo el mundo. El perrón no conoce de mi animadversión a las charlas de dueños y claro, cuando ve a otro perrón, una de dos, o se pelea con él o juega con él. Y tira de la cuerda en ambos casos. Es difícil no acercarse.

Segundo, porque mi contraria, valga la redundancia, es contraria a mí en esto de socializarse con otros dueños y es socia de honor de la secta, con lo que los otros dueños me conocen, porque conocen al perrón, y porque mi contraria se encarga de darles un completo informe sobre el que suscribe. Y la consecuencia es que directamente van a por mí. Van a por el perrón y de paso a por mí. Y claro, si te hablan tienes que apagar la música. Y la apagas. Y hablas.

Y tercero, y no menos importante, porque como me dijo la gran Princesa Sigrid en mi muro del Facebook, las conversaciones de los dueños de los perrones, más allá del cotilleo sobre el vecindario y los temas propios de los canes, son una fuente inagotable de "sociologia popular", y eso, quieras que no, da ideas para postear. Y la verdad, en estos días de lavado de cerebro lo estoy comprobando.

Lo único que pasa es que la secta requiere mucho más tiempo. Antes, sacaba al perron en 30 o 35 minutos. Ayer estuve con la secta dos horas, porque luego se unió la Sra. Bedel. Y claro, me perdí el record del mundo de Usain Bolt en 200m. Gajes del oficio. En fin, aunque no lo quiera reconocer, ya estoy dentro. Peligro, hermanos y hermanas, Peligro :-)

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24 febrero 2009

Paseos urbanos

Después de una ajetreada mañana laboral, con reunión incluida con los jefes, lo que menos me apetecía era volver a la oficina a encerrarme entre cuatro paredes y comer delante de la pantalla, así que he aprovechado el espléndido día que hecho en la capital del reino y me he dado un largo paseo por el centro.

He hecho un ejercicio de sosiego importante. Donde normalmente paso a toda velocidad todos los días, sin fijarme en nada y pensando en mis problemas, hoy he observado, he disfrutado del bullicio del centro, de lo variopinto de los personajes que pululan, de las vacas, del hombre que mira lo que pasa desde el balcón, de los perrones que por allí deambulan, de la señora que vende lotería, de los chavales que juegan al fútbol en la plaza, de los músicos ambulantes.

Hago este ejercicio poco, pero creo que voy a repetir más veces. La lástima es que ir de traje a pasear no me mola un carajo, pero ya se me ocurrirá algo. No descarto comenzar a sacar fotos, podría ser interesante, aunque no tenga ni pajolera idea de fotografía. Eso sí, me llevaré la Olympus, porque la cámara de la Diamond, como podreis comprobar, deja mucho que desear.


Plaza de Santa Ana, sol y vacas.


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01 febrero 2009

El perrón vuelve a la nieve

Vaya invierno que se está pegando el perrón de pisar nieve. Tercera nevada en el norte de la capital del reino y aquí tenemos al Kaiserzón disfrutando otra vez del sólido elemento. Su dueño no ha disfrutado tanto porque no ha faltado mucho para que se diera de bruces contra el blanco suelo en más de una ocasión. Menos mal que una barra salvadora y mis botas de montaña lo han evitado. Cómo hiele esta noche mañana ir a trabajar va a ser toda una aventura.

El perrón disfruta de la nieve


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13 diciembre 2008

Paseo bajo la nieve

Hoy ha caído una copiosa nevada en el norte de la capital del reino. Y, como no podía ser de otra manera, la Sra. Bedel y un servidor hemos pertrechado al perrón con su chubasquero rojo y le hemos bajado hace un rato a dar el obligado paseo para que conozca el blanco elemento.

El perrón y la nieve

El primer contacto del kaiserzón con la nieve ha sido curioso. Ha empezado a andar con mucha prudencia y se le veía algo inseguro cuando hundía las patitas hasta el corbejón, pero, después de unos momentos adaptación, enseguida ha cogido confianza y ha comenzado la diversión.

Paseando al perrón bajo la nieve

El único problema de la nieve, es que deja al descubierto que el perrón no está tan blanquito como nos gustaría a sus dueños. El frotar se va a acabar.

Más perrón y más nieve


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