24 septiembre 2009

Maquiavelismo eléctrico

Hay cosas que joroban mucho cuando llegas a casa después de un duro día de curro. Entre otras sacar al perrón. Que sí, que mola mucho el perrón, pero nada más llegar sacarlo, es como muy poco apetecible. Pero haces de tripas corazón y sacas al perrón, todo sea por su vejiga y porque no te machaque más los tímpanos con sus ladridos.


Pero con todo y con eso, sacar al perrón no es lo peor. Lo peor es que cuando vas a subir a casa después de haberlo sacado no haya luz en la escalera. Pensareis que soy un exagerado, pero quien viva en un noveno me entenderá.

Pues ale, otro paseo al perrón mientras vuelve, que no estoy yo para heroicidades. Pero la luz no vuelve. Y tú haciendo tiempo, y nada, que no vuelve. Despues de 35 minutos de que sí subo, que si no, al final decido subir, no voy a estar en la calle ad infinitum. Pero no, eso todavía no es lo peor ...

... lo peor es que cuando vas por el octavo la luz vuelve. Hija de la gran puta.

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25 mayo 2009

Historias de gordos (I). El ascensor

No hace falta decir que ser gordo en esta sociedad es una desgracia, lo mires por donde lo mires. No solo ya por la salud o la imagen, que también, sino por algo tan cotidiano como la relación con tu entorno. Ejemplos sobre el tema hay para dar y tomar. Esas situaciones vitales cotidianas que se producen con el "gordito" como protagonista son muy poco edificantes para el idem, y rayan a veces la crueldad o sorna de los demás implicados.

Situación típica del urbanita entrado en carnes. Vas solo en un ascensor de 4 personas ... de cuatro personas "normales" para el que ha hecho el ascensor claro, es decir, de 75 kilos cada una. A mitad de trayecto el ascensor se para y entran tres personas más. O alguna de ellas es un fideo que está en los huesos o un niño de cinco años, o el ascensor no se va a mover ni aunque lo mates. Y el 90% de las veces es lo que pasa, que no se mueve, con el agravante que además se entera todo el edificio porque se encienden luces y suenan alarmitas.

Vale, ante todo la seguridad, no se puede recargar el ascensor, pero la situación es un poco kafkiana. Sin solución de continuidad todos clavan su mirada acusadora al gordo. Tú pones cara de circunstancias y, amedrentado al ser observado como un vulgar delincuente, te suele salir una medio sonrisa de payaso triste y ese eufemismo tan socorrido y lamentable de "es que yo valgo por dos". La situación es muy incomoda y, normalmente, suele acabar con algún otro comentario pretendidamente gracioso y, casi siempre, desafortunado de los otros usuarios del elevador. Para más inri, normalmente son éstos los que salen primero (tú estás al fondo y es imposible que puedas salir), con lo cual cuando se cierra la puerta y continúas viaje, los que se quedan sin poder bajar lanzarán sapos y culebras porque por culpa de este puto gordo de mierda de este vecino obeso, llegarán tarde al trabajo hoy. Con todo, lo peor no es eso, lo peor es el sentimiento de culpa que produce la situación en el sufrido barrigón y la inevitable comida de tarro subsiguiente.

Propongo aquí y ahora, que no se pongan carteles en los ascensores del tipo "Peso máximo 300 Kg - Cuatro Personas", y se digan solamente los kilos máximos, porque, que yo sepa, los gordos también somos personas, aunque valgamos por dos ...

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18 octubre 2008

El duro oficio de repartidor

Esta tarde hemos ido la Sra. Bedel y servidor a hacer la compra mensual al Carrefour. Como siempre hacemos en estos casos, tiramos de pedido a domicilio, es decir, hacemos la compra y nos la llevan a la puerta de casa. Muy cómodo y, si excedes un mínimo de compra, el envío te sale gratis.


El caso es que llegan por la tarde los repartidores del citado hipermercado, llaman al telefonillo y, con una vocecilla entre asustada y acojonada, nos dice uno de ellos: "Buenas tardes, ... oiga aquí tenemos su compra pero es que ..., que los ascensores no funcionan!". El susto y/o/u acojone es que vivimos en un noveno. Les decimos que si pueden hacer tiempo a ver si consiguen arreglarlo pero que nosotros no podemos hacer mucho más que avisar al administrador del inmueble. Nos dicen que tienen muchos pedidos y que no pueden esperar.

Sí, es lo que estáis pensando. Se subieron toda la compra (que no era poca, creedme) al noveno a pata. Oficio sacrificado el de repartidor. Y luego el gremio del oficinismo nos ofuscamos porque el aire acondicionado está un grado por encima de lo deseable. Así es la vida ...

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07 julio 2008

Quinto sin ascensor

Por motivos de marrones en el trabajo (me lo han endiñado vilmente) he tenido que subir hoy a un ático en el centro de Madrid, un quinto para más señas, sin ascensor. Me he dejado los higadillos en el intento. Los quintos sin ascensor no están hechos para seres abundantes en carnes como servidor. Y pensar que el inquilino paga 1.300 eurazos por una buhardilla en una quinta planta sin ascensor. Ahora entiendo porqué vivo en la periferia.


Foto: exmaristas


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