15 enero 2011

Sentido común y autocontrol

Sé que dije por estos lares hace poquitos días que no iba a trazar grandes planes para el comienzo de 2011 y que tampoco iba a marcarme propósitos de ningún tipo, ni efímeros ni largoplacistas. Evidentemente me equivoque. El pasado lunes empecé la que, espero, sea la dieta definitiva, la que me devuelva cosas que me estoy perdiendo, la que me de tranquilidad para afrontar otros retos, la que me aporte seguridad para disfrutar y no sufrir. Necesito imperiosamente este proyecto y no puedo postergarlo más, me juego demasiado. La motivación de este intento no es otra que la salud. Demasiado importante para dejarlo estar más.

¿En que consiste mi plan?, básicamente en el sentido común y en el autocontrol. Después de unos cuantos intentos, tengo un background de malas praxis que sin duda me va a ayudar a saber lo que no hay que hacer. Y es que nuestro cuerpo es una máquina maravillosa y bastante justa. Salvo patologías previas concretas, suele responder a nuestro comportamiento de la misma forma. Si le tratas mal, te trata mal. Si le cuidas, te devuelve bienestar. Esto, que parece una perogrullada, es la clave de todo. Las que entran por las que salen que diría el gran José Mota.

Las pautas serán pocas y sencillas. Todas bien conocidas. Nada de complicados cuadros de alimentos, de pesajes exhaustivos de comidas, de cálculos de kilocalorias milimétricos. Nada de dietas milagro ni de resultados a corto plazo. Adelgazar no es el fin, es el camino. No hay que marcarse metas de x kilos en tanto tiempo. Todo tiene más que ver con los hábitos de alimentación y de vida en general que con otra cosa. Es difícil cambiarlos, pero se puede. Como casi todas las cosas que nos pasan, está todo en la cabeza. Perder peso de manera sana y controlada es un reto fisiológico pero sobre todo psicológico. Por eso es tan difícil hacerlo bien.

Empiezo mi sexto día de dieta y he superado el primer reto, el no abandono en el tercer o cuarto día. Quedan muchos retos por superar, pero siento algo que me dice que esta vez puede ser la buena. Y espero que lo sea, quizás he cogido el último tren que salía de la estación.

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22 febrero 2010

Compras sufridas

No repetiré lo ya dicho en este blog (aquí, aquí o aquí) sobre la vestimenta para gente corpulenta, fuerte, robusta, tremenda, obesa o, salvando sinónimos y eufemismos, para la gente gorda. Yo soy del gremio y casi todo está dicho ya. Lo único que quiero constatar es que la desgracia de ir a comprar ropa de talla (muy) especial no es en sí mismo la dificultad para encontrar, no ya algo que te guste, sino algo que te entre, ni siquiera lo cara que resulta, ni los arreglos posteriores, ni la poca variedad de producto o de tiendas especializadas. Lo verdaderamente sufrido de esas compras es que las realizas por obligación, con sentimiento de culpa social y sin la alegría habitual del consumismo al uso. En estas tiendas XXL, solo sonríe el dependiente cuando pasa la tarjeta de crédito por la bacaladera.



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06 febrero 2010

Precious, tampoco voy

Ya lo dije cuando salió Gordos y vuelvo a repetir lo mismo. Que no cuenten conmigo para ir a ver Precious, bastante tengo con lo mío como para ir a somatizar dramones big-size, no soy tan masoca. Mi ideario es que al cine, salvo en contadas ocasiones, hay que ir a divertirse, no a sufrir.



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26 noviembre 2009

Grandes preguntas de la humanidad (IX)

Hoy he tenido una discusión sobre el particular. Quiero apoyar mi tesis con una pequeña encuesta. ¿Se puede ser gordo y elegante al mismo tiempo?. ¿Hay algún gordo al que el traje le quede bien?. Y por extensión, ¿Hay algún gordo al que cualquier cosa le quede bien? Ejemplos serán bienvenidos (Abstenerse seguidores de Falete y del Gordo de Minessota).


El gordo de Minnesota en El Buscavidas (1961)


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12 septiembre 2009

Una película que no veré

Gordos. Seguramente será una peli interesante (buenas críticas), pero soy del gremio y bastante tengo ya con mis propias comidas de tarro como para pasar hora y media con divagaciones sobre obesidad emocional, aunque solo sea una excusa para adentrarse en otros problemas, filias y fobias que no distinguen de básculas.


PD: Es curioso que el director haya preferido engordar y afear a los protagonistas, actores delgados y guapos, que utilizar directamente actores gordos y feos.

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25 mayo 2009

Historias de gordos (I). El ascensor

No hace falta decir que ser gordo en esta sociedad es una desgracia, lo mires por donde lo mires. No solo ya por la salud o la imagen, que también, sino por algo tan cotidiano como la relación con tu entorno. Ejemplos sobre el tema hay para dar y tomar. Esas situaciones vitales cotidianas que se producen con el "gordito" como protagonista son muy poco edificantes para el idem, y rayan a veces la crueldad o sorna de los demás implicados.

Situación típica del urbanita entrado en carnes. Vas solo en un ascensor de 4 personas ... de cuatro personas "normales" para el que ha hecho el ascensor claro, es decir, de 75 kilos cada una. A mitad de trayecto el ascensor se para y entran tres personas más. O alguna de ellas es un fideo que está en los huesos o un niño de cinco años, o el ascensor no se va a mover ni aunque lo mates. Y el 90% de las veces es lo que pasa, que no se mueve, con el agravante que además se entera todo el edificio porque se encienden luces y suenan alarmitas.

Vale, ante todo la seguridad, no se puede recargar el ascensor, pero la situación es un poco kafkiana. Sin solución de continuidad todos clavan su mirada acusadora al gordo. Tú pones cara de circunstancias y, amedrentado al ser observado como un vulgar delincuente, te suele salir una medio sonrisa de payaso triste y ese eufemismo tan socorrido y lamentable de "es que yo valgo por dos". La situación es muy incomoda y, normalmente, suele acabar con algún otro comentario pretendidamente gracioso y, casi siempre, desafortunado de los otros usuarios del elevador. Para más inri, normalmente son éstos los que salen primero (tú estás al fondo y es imposible que puedas salir), con lo cual cuando se cierra la puerta y continúas viaje, los que se quedan sin poder bajar lanzarán sapos y culebras porque por culpa de este puto gordo de mierda de este vecino obeso, llegarán tarde al trabajo hoy. Con todo, lo peor no es eso, lo peor es el sentimiento de culpa que produce la situación en el sufrido barrigón y la inevitable comida de tarro subsiguiente.

Propongo aquí y ahora, que no se pongan carteles en los ascensores del tipo "Peso máximo 300 Kg - Cuatro Personas", y se digan solamente los kilos máximos, porque, que yo sepa, los gordos también somos personas, aunque valgamos por dos ...

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