28 noviembre 2010

El bautizo

Ayer fuimos mi contraria y yo al bautizo vespertino del hijo de mi prima y posterior ágape nocturno. Durante la semana notas que se va acercando el momento del compromiso social familiar y no le das mayor importancia, pero el mismo día de la celebración comienza a entrarte una pereza tremenda que va in crescendo conforme avanza la mañana y llega a cotas máximas minutos antes de prepararte para salir.

No es que me lleve mal con mi familia, todo lo contrario, pero se unen varias circunstancias por las que asistir al evento se te hace muy cuesta arriba. Si al final asistimos fue por el gran aprecio y cariño que tengo a mi prima y su familia, sino hubiera excusado mi presencia sin mayor problema.


A este no fuímos precisamente. Foto: El País

Vamos con la odisea. Primero, es tu sábado de descanso. Y lo probable (y que al final se cumplió) es que te pases casi todo el día fuera de casa. Aunque lógicamente es mucho peor ir a picar a una mina, no estar en casa es síntoma evidente de no descansar. Salir justo después de comer también afecta mucho, por lo menos a mis bioritmos.

Luego llega la logística, al no disponer de vehículo propio y ser el evento en una parroquia ATPC y el agape más ATPC todavía, llegar a tiempo a ambos sitios es misión casi imposible. Pese a la experiencia que he adquirido con los años, coger tres transportes públicos un sábado en Madrid (los horarios no tienen nada que ver con los de un día normal pero hay igual o más gente curiosamente) y tardar más de hora y media en llegar a la parroquia crispa al más pintado. Afortunadamente una vez allí nos consiguieron transporte para el ágape y la vuelta a casa. Sino ya me veía soltando 50 euracos al taxista de turno de noche.

Por fin llegas a la iglesia. Uno, que está a caballo entre el agnosticismo radical y el ateísmo moderado, entra a ver el sacramento con respeto por el ritual católico pero sin la emoción del que cree en él. En otras palabras, aburrimiento. A más a más, cuando hay 5 bautizos a la vez. El dato que maneja el populacho de que un bautizo dura 20 minutos es una falacia en toda regla. Más de una hora allí metidos. Como mal menor, hay que decir que noté que el 90% de los allí presentes también se aburrió, no fui yo solo, y eso quieras que no hace sentirte parte de la comunidad.

Y ahora le toca el turno al convite. Sin duda lo mejor del evento, porque las penas con pan son menos. Todo muy rico, eso sí, te pones las botas. La dieta al garete, pero por lo menos lo disfrutas. Siempre hay que torear preguntas insidiosas de la family tipo ¿Todavía no habéis encargado el niño a la cigüeña? o ¿Porque no conduces?, pero se sobrelleva porque ya tengo experiencia en responder alguna bordería con gracia. Si la conversación con los comensales que me han tocado es amena, pues no problem, pero esos momentos de silencio porque ya te has dicho todo lo que te tenías que decir se hacen algo largos y te imbuyes en tus propios pensamientos (Menos mal que el Barça-Madrid es el lunes y no hoy ...).

Y vuelves a casa. Y a sacar al perrón claro, que está el tío aguantando como un crack nuestra ausencia de más de ocho horas. El problema es que es la 1:00 AM y en la calle hace tres grados bajo cero. vamos, que no apetece un carajo, pero le sacas porque quieres mucho a tu mascota.

Y despiertas hoy domingo, y te das cuenta que no has hecho ninguna tarea doméstica ayer por preparar el evento y asistir al mismo, y te toca hacerlas todas hoy. Por eso, cuando me he levantado, he escrito este post pataleta.

PD: Si alguna vez lees esto Prima, no te lo tomes como algo personal, me pasa en casi todos los eventos familiares a los que voy, que no son muchos, tú lo sabes. Gracias por invitarme.

PD2: No olvidar enviar el regalo al niño a casa de mi prima por mensajero. Sí, es lo que estáis pensando, no nos dio tiempo a comprarlo. El dinkismo de perfil bajo es lo que tiene ...

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06 diciembre 2007

Visita inesperada

No me gustan las sorpresas. Necesito tener un tiempo de reacción lo suficientemente largo como para poder reorganizar las cosas cuando ocurre algo inesperado. No soy de los que toman decisiones apresuradas. Como diría algún pedante directivo, tengo problemas de "Timing", que le voy a hacer.

Esta mañana me ha dicho la Sra. Bedel que viene una amiga suya a pasar con ella los cuatro días del puente y que se presenta hoy después de comer. Así, de golpe y sopetón. Me parece genial que venga, pero que me avisen con más tiempo, porque la sorpresita tiene consecuencias. Una limpieza más a fondo de la casa que lo habitual, lo que me crispa sobremanera, sacar tiempo para que visite la zona, planificar comidas, cenas y copas, etc, etc. Y yo tengo que trabajar encima.

En fin, llamadme Mr. Scrooge, pero estas cosas me descuadran mucho ...

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27 julio 2007

Socialización canina

Desde que saco al perrón todas las tardes (dije que no lo haría y aquí me tenéis, pusilánime que es uno), estoy descubriendo un nuevo mundo de socialización hasta ahora desconocido para mí. Yo, que soy hombre de pocas palabras con desconocidos y no me caracterizo por entablar conversaciones porque sí, alucino con la cantidad de gente que intenta comunicarse conmigo sola y exclusivamente por tener un perrón al lado.

Rastreo callejero


La tipología es extensa y bien conocida por los que tenéis perrones: El abuelo solitario que tiene toda la tarde para charlar de sus batallas y que nadie se para a oirlas porque puede estar horas y horas, la señora madurita y pelin asfixiada que saca el perro para no aguantar al marido y te cuenta todos sus problemas con el pieza, la jovencita casquivana que mas que sacar al perro parece que se va a presentar al casting de "guapos contra listos" y suelta risitas estridentes cuando tu chucho se la está intentando clavar a su perrita, ese vecino al que odias sin tapujos y que siempre te lo encuentras en el portal hablando de las mismas obviedades cansinas, la mujer desequilibrada que baja a la calle con tres perros y dice que tiene dos más en casa, el que tiene otro westie y se pone a hablar contigo de lo desobedientes que son, la parejita recien casada con niño pequeño que siempre suelta la frase "mira el perrito, que guapo", y que dos segundos despues le grita al niño cuando el perro se acerca "no te acerques al perro", y así podría seguir ad eternum.

En fin, uno está aprendiendo a lidiar con estos toros. Que paciencia tengo, po dió.

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