31 octubre 2010

El cambio de hora

Lo voy a notar más de lo que normalmente lo hago. Ayer a las tres eran otra vez las dos, y esa hora de más que nos regala el cambio horario otoñal en Europa normalmente me simpatiza. Una hora más para disfrutar del fin de semana. Pero hoy me he levantado más pronto que de costumbre, que ya es muy pronto, para acabar un trabajo para mi padre. Y luego he enlazado con tareas domésticas y alguna otra cosa pendiente. El día se me está haciendo muy largo. Además también noto que no va a ser mi mejor día. Pese a que mañana no voy a trabajar y hoy queda casi todo el domingo por delante, mis sensaciones no son buenas. Mis bioritmos, ya de por sí alterados, no dan señales de relax un día como hoy.


Y es que a veces, una hora más en el finde no es necesariamente bueno o saludable, es una hora más de asfixia. Y encima algunos expertos empiezan a decir que tampoco interesa mucho. Este año ya poco se puede hacer. El cambio ya se ha producido.

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08 mayo 2010

Amaneceres terapéuticos

Ya lo he comentado alguna que otra vez, pero hoy me apetece volver a escribirlo. Cada vez me gusta más contemplar los amaneceres. Evidentemente la palabra contemplar elimina directamente los días laborables, me refiero a los días de asueto, las vacaciones y los fines de semana. La situación es diametralmente opuesta. Cuando vas a trabajar no tienes tiempo de nada. Todo son prisas y vas de un lado a otro con cara de mosqueo como un robot, ducha, vestirse, sacar al perro, desayuno urgente, salir pitando para el autobus ... rápido, rápido, rápido. Prácticamente ni te das cuenta de que está amaneciendo.

Pero el fin de semana es otra cosa. Los bioritmos me despiertan al alba, y todo cambia, todo se ralentiza. Café recien hecho, musiquita tranquila, sales al balcón y respiras hondo. Nadie en la calle, solamente los sonidos de la madrugada. Y puedes elegir reflexionar sobre tu circunstancia, pensar en tus cosas, o bien no pensar en nada, electroencefalograma plano. Y, casi siempre, te vuelves a dar cuenta que por muchos problemas que tengas, que los tienes, la vida sigue adelante y tu sigues andando el camino. La terapia del amanecer es lo que tiene ...

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01 abril 2010

El secreto de sus ojos

¿Qué se puede hacer un Jueves Santo a las 6 AM cuando tienes los ojos más abiertos que un personaje de manga japonés por culpa de los malditos biorritmos? Pues ver una película, claro. Tenía varias posibilidades pero al final me he decantado por El Secreto de sus ojos.


¿Por qué?. Por varias razones, entre la que no se encuentra precisamente que le dieran el Oscar a la mejor película en habla no inglesa. Porque me gusta el cine argentino, porque lo entiendo (la cultura gaucha corre por mis venas) y porque el triángulo Campanella, Darín y Villamil es una garantía.

Y la verdad es que no me ha decepcionado en absoluto. Es una película muy interesante, con buen guión, bien contada, bien dirigida y mejor interpretada. No es ninguna superproducción, y precisamente esa es una de sus mayores virtudes, con un presupuesto limitado han sacado una peli redonda. Es una de esas películas en las que premios, crítica y público coinciden (8,4 sobre 10 en imdb) y eso no suele pasar mucho. Muy recomendable.

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10 abril 2009

La madrugá

No, no he estado en ninguna procesión en Sevilla (aunque me gustaría verlo en directo alguna vez, independientemente de la fe que se tenga, es un evento cultural que excede lo religioso y es digno de contemplarse), simplemente que hoy, Viernes Santo, me he levantado a las siete de la mañana, o sea, que he madrugao a base de bien.


Imagen: El correo de Andalucía

Nada nuevo bajo el sol. Ya conoceis mis rutinas de los días festivos en este tema. Los bioritmos no perdonan y la costumbre de levantarse a trabajar hace que, por muy tarde que me haya acostado ayer (y lo hice), antes de que salga el sol se me pongan los ojos como platos, sea martes, sabado o domingo. Y nunca he podido estar en la cama por la mañana con los ojos como platos.

¿Qué se hace en estos casos?. Pues básicamente hay dos opciones. O aprovechar para hacer esas tareas más o menos domésticas que siempre quedan pendientes o bien dejarse llevar por el ocio y la pachorra más absoluta. Hoy he optado por esta segunda opción y, salvo un ratito que he estado a las teclas, estoy tirado en el sofá leyendo Un mundo sin fin. Me queda otra horita de lectura hasta que se levante la Sra. Bedel y saquemos al perrón.

Al final le estoy cogiendo el punto a esto de madrugar en festivos ...

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