25 enero 2013

El loco del autobús

Pues parece que tengo imán para atraer a todos los borderlines, locos y psicópatas del transporte público madrileño. Hay que jodense. Vamos con la historia. Resulta que monto hace un rato en el autobús para casa, después de una durisima jornada de trabajo, aunque contento por empezar #elmejormomentodelasemana, y yo como siempre absorto con el móvil. De repente noto como alguien se acerca demasiado a mí.

Le miro, varón joven, bien vestido, de complexión fuerte y mirada penetrante. El tío va y, ni corto ni perezoso, levanta su brazo y me toca el pelo. Mi reacción es apartarle el brazo, sin agresividad pero con firmeza. El sujeto va y me pregunta "Cómo te llamas?", e intenta tocarme el pelo por segunda vez. Le digo sin gritar pero con voz decidida "Déjame!", y le vuelvo a apartar el brazo. Parece que esta segunda negativa le cabrea, y vuelve a preguntar mi nombre insistentemente, mientras intenta tocarme el pelo por tercera vez.

En el ínterin, el autobús entero, como no podía ser de otra manera, observando atentamente esta kafkiana situación. Pienso para mí, "cómo no hemos salido, el conductor lo mismo le dice algo al loco éste", pero no, el conductor no dice nada. Y el individuo sigue al lado mío preguntándome mi nombre. Vuelvo a pensar, "le voy a decir un nombre, a ver si me deja en paz", y voy y le digo el primer nombre que se me ocurrió "Pepe".

El tipo cuando le digo el nombre inventado se queda un momento parado, como una estatua, da un paso atrás y empieza a gritar, a gritar muy fuerte "Pepeeeee, Pepeeeee, el pelooooooo, Pepeeeeeeeee, el pelooooooooooooooooooo". Dios mío.

Después de 10 segundos de zozobra en el autobus, por fin el conductor hizo un ademán de intervenir, pero en ese mismo instante, el loco se sentó en frente mío y se quedó totalmente callado y absorto en vaya a saber que pensamientos. A todo esto yo acojonado. Arranca el autobús y el loco sentado sin decir palabra. Yo con el móvil como si no hubiera mañana y, por supuesto, tuiteando el incidente (ante todo el #socialmedia). De refilón también controlaba las manos del personaje, no fuera a ser que intentara algo.

El resto del viaje pasó sin decir una sola palabra. Yo valoré seriamente bajarme del bus, pero al final decidí aguantar el chaparrón. Desafortunadamente para mí y para mi acojonamiento, se bajó un poco antes que yo. Pero justo cuando se bajaba y antes de arracar el autobus, oigo que vuelve a gritar "Adioooooooosssssss Pepeeeeeeeeee" .... escuché alguna risa dentro del autobús, pero a mí no me hizo ninguna. Pocas bromas con las psicopatologías.

PD: Demostrando que atraigo a los borderlines, aquí otras dos experiencia similares contadas en esta vuestra bitácora, una historia para no dormir en el cercanías y otra similar en el metro. Es lo que tiene pasarte dos horas y pico al día en el transporte público de camino y vuelta del trabajo y pateando las calles de la capital del reino. Hay mucho colgao ...

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02 septiembre 2010

El retratista del metro

Anteayer volvía en metro a casa después del curro. Es una de las posibilidades, o Cercanías, o metro y bus. Casi nunca elijo la segunda opción, aunque se tardan 10 minutos menos suele ser un trayecto más incómodo. Y, a mis años, uno ya es más cómodo que otra cosa. Sin embargo a veces elijo metro para variar un poco, ver todos los días las mismas caras y los mismos gestos tampoco es recomendable.


Imagen by JM Morales

El caso es que, de repente, montado en el vagón de metro, linea 1 dirección Pinar de Chamartin, entra en una de las estaciones un chaval de unos 25 años más o menos (que mal se me da poner edad a la gente), con buen aspecto, que llevaba un cuaderno de estos grandes de Centauro abierto. Al principio no le di mayor importancia, ni siquiera me fijé en él, pero de pronto se para al lado mío y comienza a hacer cosas raras. Saca un boli BIC rojo y empieza a rayar compulsivamente el cuaderno, subiendo y bajando la cabeza y mirando al plano del metro. Miré el cuaderno y solo eran rayones. 15 segundos depués se va a la puerta contraria y empieza a dibujar el sistema de detención manual del metro. Más rayones. Se le notaba nervioso e hiperactivo. Cuando el metro paraba en una estación, sacaba la cabeza por la puerta y se ponía a dibujar la publicidad.

Aunque el chaval parecía totalmente inofensivo, yo me estaba empezando a poner pelín nervioso. Y conmigo, otros tantos viajeros que observaban la jugada. Siempre esperas que este tipo de gente baje en la próxima estación, pero nunca se bajan. Y más todavía cuando, de repente, el dibujante se vuelve y en voz alta le dice a una chica que estaba sentada, "¿Te puedo dibujar?". No entendí lo que le dijo la chica, pero el tío comenzó a retratarla, con la misma habilidad que en sus trabajos anteriores. 10 segundos después, le pregunto a una segunda persona, y luego a una tercera. Y yo diciendo, "que no me toque, que no me toque".

Afortunadamente, me pude cambiar de vagón antes de que me retratara.

PD: Como me paso la vida en el transporte público, de vez en cuando me topo con todo tipo de especímenes, verbigracia alguno de éstos, o éste otro, o éste.

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27 febrero 2007

Colgaos y urbe

En el barrio donde yo trabajo, centro de Madrid para más señas, los hay a patadas. Un día es una tipa que te pide dinero y si no se lo das te pone de cabrón para arriba. Otro día es un iluminado que te para en la calle y te hace la señal de la cruz mientras te dice que te va a curar de cataratas. Al día siguiente un exaltado que se pone a darle patadas a una marquesina porque sí. No muy lejos de allí te asalta un vendedor de pañuelos de papel que se pone muy nervioso cuando le dices que no estás interesado en su producto. Por no hablar de aquellos que intentan comunicarse contigo en el bar mientras estás comiendo para contarte batallitas variopintas, a cual más estrambótica.

A pesar que, a fuerza de verlos todos los días, debería estar curado de todo espanto, tengo que reconocer que me sigo poniendo nervioso cuando interactuan conmigo. No me acabo de acostumbrar. No sirvo para vivir en el centro de la capital.

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